Frase sabia XXV

Solamente los mudos envidian al parlanchín.


Khalil Gibran

Frase sabia XXIV

Para descubrir la verdad, se necesitan dos personas, una, para decirla, y otra, para escucharla.


Khalil Gibran

Historia ficticia VI

fresca tenia un brillo casi místico, el sol radiante coronaba un cielo azul intenso, solo unas nubecillas blancas habitaban el infinito. El oxigeno puro se le metía por los pulmones dándole una satisfacción nunca vivida anteriormente, un conejo salía de su madriguera y a lo lejos le pareció ver un cervatillo. Estaba en el cielo seguramente. Miro alrededor buscando más visión de su actual paradero, vio a lo lejos un monte no mayor a un primer piso, el valle se inclinaba a su derecha cayendo a un bosque frondoso rebosante de vegetación. El aire lo recogía en numerosas bocanadas, lo soltaba lentamente, se levanto y empezó a caminar, a explorar tan bello paisaje, un trébol de cuatro hojas a sus pies y una especie de diente de león mas lejos, recogió el trébol y siguió su camino guardo el trébol en su camisa blanca impoluta nueva comprada hace varias semanas en Plytoon´s . Sin saber bien por que echo a correr sin ningún sentido dirigiéndose al monte, correr era su mayor alegría en estos tiempos que corre aunque tenga que hacerlo en un recinto cerrado, pero ahora estaba en libertad respirando aire puro. Jason Meyers de Nueva York concretamente del barrio de Brooklyn o lo que queda de el un hombre de edad media 35 para ser exactos moreno de un metro ochenta de estatura su altura y su físico siempre fueron una baza importante para sus conquistas nocturnas en Diamons club. Cuando llego al monte decidió coronarlo, se sentía como aquel niño al que le encantaba imaginarse nuevos planetas y nuevas conquistas como si de un explorador antiguo se tratara aunque ya la mayor parte del espacio estaba descubierta pensaba que aun quedaba mas por ver, recordó como allá por el año 3045 dieron el primer viaje espacial ínter dimensional lo estudio en la escuela elemental, ahora vivía en el 4125. A veces oía historias sobre los prados de Austria o los de Cantabria en España le hubiese encantado viajar allí si no hubiese sido por la claustrofóbica situación de la tierra. Veía el sol brillante y quería volar quería volar, estaba completamente feliz era un ser libre. El reloj silbo la alarma e inmediatamente después en el aire se oyó un pitido ensordecedor, cayo al suelo.... Jason despertó en casa, en el instituto nacional de realidad virtual -Jason su turno termino puede solicitar nuestros servicios siempre que quiera atentamente Marshall e hijos- El robot le dio la bienvenida a la realidad al confinamiento perpetuo.

Historia ficticia V

Quería entrenarme en el manejo de la espada, así que cogí mi espadón y me dispuse a aprender, el mejor sitio para hacerlo sería matando Orcos, Gnolls, Trasgos, todo lo que se me pusiera por delante. El mejor sitio para hacerlo sería una cueva, si una cueva en las afueras de la ciudad donde si muero no me pueda ver nadie para poder ver mi deshonra. Hablé con el hermano mayor del monasterio donde estudiaba las artes divinas y entonces me dijo que podía hacer lo que me diera la gana que ya era mayor para decidir, sin más dilación cogí mi petate y mi espadón. Salí de “caza”, como se suele decir pero lo que conseguí fue que me cazaran nada más alejarme de mi monasterio, un bandido con una capucha y una mujer, que tenía el rostro descubierto me saltaron encima y me ataron , yo me asuste y empecé a pensar que me irían a vender o algo así, pero cuando llegué a una casita negra a las afueras de la ciudad, detalle cerca de una cueva, lo único que querían era que curara a su hijo, dicen que llevaban esperando que un clérigo saliera del monasterio 6 meses y que cuando me vieron no tuvieron más remedio que lanzarse sobre mí. El hijo lo único que tenía era un resfriado de estos de primavera, yo lo curé y les pedí un favor les dije que si me daban cobijo allí que tenía que ir a la cueva aquella a entrenarme con la espada. Ellos me dijeron que sí y mientras que yo me iba, se les escuchaba hablar y decían que como no iba a volver, habían aceptado que me quedara en su casa, y decían que era un presuntuoso al adentrarme en esa cueva, de la que nadie había logrado salir. Llegando a la cueva me paré un momento y contemplé la luz del día. Se veía muy oscuro en la cueva, así que cogí mi antorcha y la encendí y caminé hacia adentro. La cueva parecía muy pequeña porque la entrada era extrañamente diminuta, tuve que agacharme para entrar. No fue nada más entrar y ya delante de mí había un kobold, le metí la antorcha por la boca y él solito se encargó de quemarse entero; después con el espadón lo levanté, para que me iluminara y entonces vi algo así como 70 orcos que dormían en el suelo, hasta que a mí se me cayó el espadón con el kobold en llamas hasta el suelo. Entonces se levantaron todos y fueron a por mí, y uno me golpeó en la nuca y me dejó inconsciente. Al levantarme no estaba en el mismo lugar, sino en otro sitio, y lo que había a mi alrededor no eran orcos, sino elfos junto a una hoguera. Cuando vieron que me había despertado, me contaron que estaban presos en esa cueva. Al haber intentado conseguir un arma mágica muy potente y valiosa, dijeron que los orcos y ellos vivían en esa cueva, pero que ellos habían logrado escapar y esconderse en su interior. También me dijeron que el que guardaba el arma era un pequeño gnomo que tenía un objeto con el que controlaba a todos los orcos, decían que había veces que mandaba a algunos orcos a explorar la cueva en busca de ellos y que la salida estaba llena de orcos, con lo cual no podían escapar nada más que con la poderosísima arma, y yo les dije: -hagamos una cosa, ¿el gnomo solo es muy fuerte? -no, ¿por qué? -porque le atacaremos a él nada más. –Y bien, ¿Cuál es el plan?. - Un grupo de vosotros irá a la entrada donde distraeréis de alguna manera a los orcos. Al llegarle noticias de que os han visto, el mandará a todas sus tropas, entonces nosotros entraremos dónde él esté le quitaremos el arma, el objeto con el que controla a sus orcos y lo derrotaremos, vosotros obtendréis el arma y yo compañeros de aventuras. Bien, unos cuantos fueron hacía la entrada con sus capas de invisibilidad, yo con Quarion iba a por el Gnomo, él iba también invisible y yo iba al descubierto con mi espadón mellado preparado, cuando llegamos a la “habitación” del Gnomo lo encontramos acariciando el arma, que era un espadón precioso, con un mango con joyas y un color en la hoja rojizo brillante, yo sin pensarlo, me lancé sobre él Gnomo y le rebané la cabeza con un tajo limpio, y entonces cogí el objeto de control y el espadón, pero cuando cogí el espadón para dárselo a Quarion, una extraña sensación de maldad y codicia se apoderó de mí, y cuando Quarion levantó la mano yo se la corté, momento después le pedí perdón, pero el espadón me poseyó aún más, así que le clavé la hoja hasta el fondo del estómago, entonces comprendí que tenía que matar y matar. Para entrenarme con el espadón y que quería más sangre, así que me dediqué a matar orcos con saña con el poder que el espadón me daba, y cuando acabé, no quise pensar en deshacerme de él y mucho menos dárselo a unos miserables elfos, así que cuando llegué a encontrarme con ellos y me preguntaron que dónde estaba Quarion, yo respondí ¡EN EL INFIERNO! y los maté a todos.

Historia ficticia IV

ra un simple charco oscuro arraigado en el asfalto del parking. Su diámetro sería de metro y medio. Agua estancada producto de infinitas gotas de lluvia caídas en los últimos días. Pasaban las horas y el charco continuaba existiendo. El cielo gris quedaba reflejado en su superficie pulida y brillante, reflejando las nubes tormentosas. De noche, la palidez de la luna reflejaba su silueta en el espejo acuoso. De día algún que otro mosquito se acercaba a su superficie. Alargaba su trompa y se ponía a beber. Y a su vez el charco bebía del mosquito. Y el insecto desaparecía para siempre. Volvía a pasar la tarde y al anochecer una nueva tromba de agua se encargaba de amamantar el contenido del charco, haciéndolo aumentar en tamaño hasta el alcance de los dos metros de diámetro. Al día siguiente un pajarillo curioso se acercó para paliar su sed. Brincando sobre sus dos patitas frágiles, se arrimó al borde de la charca y se dispuso a beber de la misma. La intención con respecto al pajarillo por parte del charco fue recíproca y del pajarillo no se supo más. El resto del día se tornó lluvioso y el charco se agrandó veinte centímetros más. Pasada la medianoche el ulular del viento creaba ondulaciones sobre la superficie del charco. Y al poco un perro vagabundo se aproximó a su lado. Olfateó su contenido, dudando antes de extender su lengua sedienta para beber a lametazos un poco de agua. El charco contempló a su nuevo visitante con variopintos reflejos derivados de una lejana farola que aún funcionaba en el parking. Un triste gañido se propagó por el aire, seguido de un chapoteo. Diez segundos de tenaz lucha, y el charco se apoderó del cuerpo del animal. Surgió un borboteo en toda su superficie conforme el can desaparecía para siempre disuelto entre el conjunto de millones de gotas de lluvia contaminada allí reunidas en un sólo cuerpo líquido. Ahora la charca medía tres metros de diámetro. Y cada vez que llovía, era un milímetro más profunda. Al día siguiente... Era una especie de manguera de titanio, resistente al grado de corrosión de la charca infectada. Uno de los limpiadores puso en marcha el compresor. Otro se acercó al charco y depositó la boca de la manguera hacia el centro del mismo. Poco a poco fue succionando el líquido elemento hasta resecar la charca por completo. Tras terminar, se volvió a su compañero y le hizo la señal de que apagara el motor de la máquina de succión. Recogió la manguera y se acercó al vehículo, un camión cisterna de tamaño medio, con la carrocería comida por la radiación existente en la zona. Ambos limpiadores vestían un traje de protección, con botas, guantes y un llamativo casco. A pesar de las medidas de seguridad, los dos hombres estaban ya seriamente afectados por la radiación. Su respiración era cavernosa y sus andares muy cansinos. Se subieron a la cabina del camión y lo pusieron en marcha, abandonando el parking. Aquel había sido el último charco existente en las inmediaciones de lo que en sus mejores tiempos había sido un concurrido centro comercial, y aún les quedaban incontables más en los suburbios de Pripiat, en la zona de exclusión de Chernobil. Una región para no vivir. Donde la radiación cambiaba los roles de la naturaleza, creando un lienzo de locura sin par.

Historia ficticia III

Estaba a escasos centímetros de ella. En aquel ambiente de pudor y ansiedad, la imaginación dibujaba una figura femenina. Su silla estaba pegada a la de él, pero nunca había observado su rostro. Sabía, mejor dicho intuía, que era morena, algo pálida de piel, pero poco más. En el silencio tenso silencio, pensaba en extroversión y flirteos. Imaginaba iniciando una conversación, intranscendente, quería mirarla a la cara, ver sus ojos, nariz, labios. Perdía el rumbo y seguía escribiendo. Ella acariciaba su pelo de vez en cuando. Aquella hora se volvió a perder en el tiempo. Todos salen de la sala, vuelve el silencio y la oscuridad, hasta la siguiente semana. La oscuridad no es total y nos deja ver una sombra. Una figura sentada . Permanece inmóvil, pero como si de un acto reflejo se tratase, gira su cabeza hacia la derecha y mira la perfecta fila formada de pupitres. Allí se queda la sombra. Fuera el viento ciega a los peatones y cambia el rumbo de aquellos que no saben donde ir. Conversaciones anuncian la muerte del verano. Sirenas llaman al orden y éste aparece, todos se calman. La noche en tormenta no era apetecible para el chico tímido y pudoroso que vimos en el aula. Renunciaba a momentos atemporales, se regocijaba en sus penas infundadas y mientras tanto mantenía la compostura. La perdida de la inocencia y una moral llena de prejuicios hacia su persona marcaban el tic-tac del reloj de los estados. Era un reloj real, el reloj de los estados le acompañaba allá donde fuera y era tan inexacto como una predicción apocalíptica, pero aun así, aquel mecanismo le daba seguridad. La noche en tormenta anunciaba el inicio de la función, el telón no bajo esta vez, el reloj fue aplastado. Se perdió en el camino, el viento cambiaba el rumbo y ademas confundía al inocente. El inocente había perdido el reloj y éste fue aplastado. Mientras soñaba con viajes de largo trayecto en trenes repletos de gente, su sueño se quebró de forma violenta y despertó. Salió corriendo de casa. Las tinieblas escondían aquel tic-tac y él lo necesitaba, lo deseaba, perdía la consciencia y se ahogaba en vómitos si no conseguía encontrarlo. Desesperado lo buscó y no lo encontró, pero conoció a la sombra. La sombra le habló del tiempo, estudios, trabajo y después de despedirse, desapareció. Perdió el conocimiento, donde había perdido el reloj, en las calles inundadas. Las calles estaban anegadas de agua y se formaron riachuelos que arrastraban cosas sin valor. Despertó entre envoltorios varios y pañuelos húmedos pegados a su cuerpo. Despertó en un lugar sin nombre, sin ruido y sin clima. Pensaba en la muerte del verano y en camiones cargados de basura arrojada por turistas. Decidió sentir odio, aunque no conocía el odio, así que creó el odio a su imagen y semejanza. El odio era una sombra, similar a una nube negra que hablaba sobre temas banales e insultaba en latín. Decidió ser odio y regresar por el reloj.

Historia ficticia II

Un jueves de madrugada unos jóvenes veinteañeros iban de pub en disco en una noche de marcha. Iban cantando triunfales por la calle cuando un vecino indignado les llamó la atención: - No son horas de ir cantando por la calle, que estamos durmiendo -dijo el vecino. - Pues no duermas y ven con nosotros de marcha- dijo uno de los chicos. - Tengo que dormir porque mañana tengo que trabajar -dijo el vecino. - Pues no trabajes -dijo otro de los chicos. - Tengo que trabajar porque tengo que dar de comer a mis hijos -dijo el vecino. - Pues que trabajen tus hijos por tí -dijeron los chicos. - Mis hijos no pueden trabajar porque son pequeños y está prohibido que trabajen -dijo el vecino. - Pues recoge unas firmas y cambia la ley para que los niños puedan trabajar -dijo uno de los chicos. El hombre no les replicó nada y se metió para dentro. Los chicos siguieron cantando mientras se alejaban. A cada paso que daban les reñía un vecino y los chicos les contestaban las mismas cosas. Al día siguiente el vecino se puso a recoger firmas para que cambiasen la ley. Primero empezó por su barrio, luego por su ciudad y más tarde y siempre en fines de semana recogió firmas por todo el país. Las firmas fueron suficientes y se cambió la ley pudiendo por fin trabajar los niños. Los chicos del jueves se enteraron del cambio de ley y se sintieron orgullosos. Salieron a celebrarlo porque sin quererlo se había impuesto su filosofía de vida. Esta vez cantaron más fuerte por la calle hasta que se escuchó: - Ssschhh- alguien les reclamó silencio. -No nos mandes callar y vente con nosotros de marcha- dijo uno de los chicos. - No puedo porque tengo que trabajar para dar de comer a mis padres -dijo un inocente niño.

Diálogo XV

Meredith-¿Qué te ha dicho Lexie de mí?

Dereck-Ella nada. Hable yo solo. No la culpes a ella...

Meredith-¿Eres amigo de mi hermana ahora?¿Hablas con la otra Grey sobre mí?

Dereck-¿Sabes de lo que he hablado con la otra Grey? De lo que esta Grey no me deja decir.

Meredith- Puedes decir lo que quieras, ¿sabes?

Dereck-Quiero casarme contigo. Tener hijos contigo. Que hagamos una casa. Quiero asentar la cabeza y envejecer contigo. Quiero morir cuando tenga 110 años en tus brazos. Y no quiero 48 horas ininterrumpidas sino una vida entera.
¿Ves lo que pasa? Te digo cosas así y quieres echar a correr en otra dirección. Está bien, lo entiendo. No lo entendía pero ya sí. Acabas de empezar y yo llevo ya mucho tiempo. Todavía sigues siendo interna. Y no estás lista.

Meredith-No lo estoy ahora, pero podríamos seguir como estamos hasta que lo esté. Ya he...

Dereck- Podríamos seguir así. Viéndonos en el ascensor o en la sala de descanso. Puede que cambies. Esperaré. Esperaré a que cambies.

Meredith-De acuerdo entonces.

Dereck-Sí pero, ¿y si mientras espero, conozco a una que esté lista para darme lo que te pido a ti?

Meredith-¿Qué podría pasar?

(Se abre las puertas del ascensor y Sheperd entra)

Dereck- No lo sé.


Anatomía de Grey (serie)

DIálogo XIV

- Espera, Jeremy, ¡espera! ¿Y si mueres en la operación?
- No lo haré.
- ¿Y si muero yo en la mía?
- No lo harás.
- Está bien, pero quiero que sepas que cambiaste mi vida, Jeremy West, la mejoraste, la hiciste más brillante, llena de alegria y si muero...
- Ni te atrevas. ¿De acuerdo? Aún no hemos terminado. Aún no he terminado de amarte.


Anatomía de Grey (serie)

Diálogo XIII

-Me estás ignorando?
-Eso intento
-No lo hagas
-¿Por qué?
-Porque si me conoces... vas a quererme.

Anatomía de Grey (serie)

Diálogo XII

-Dejame en paz!
-Quiero saber si estás bien.
-No! No estoy bien vale? Estás satisfecho? No puedo estar bien porque estás casado y me llamas puta y nuestro perro ha muerto...y estas mirandome! Deja de mirarme!
-No te miro, no...no estoy mirandote.
-Si que estás mirandome y observandome. Finn tiene planes y me gusta, es perfecto para mi. Lo único que intento es poder ser feliz. Yo no puedo respirar, no puedo respirar cuando tu me miras, deja de hacerlo!
-Crees que deseo mirarte? que no preferiria mirar a mi mujer? Estoy casado, tengo responsabilidades, ella no me vuelve loco, no me hace imposible sentirme normal y no hace que me ponga enfermo pensar que mi veterinario la toca con sus manos. Juro que daria lo que fuera para no mirarte.



Anatomía de Grey (serie)

Diálogo XI

-No sé qué decirte...
-Cuando murió Dylan, cuando la bomba estalló, te sentías cómo si...
-¿cómo?
-¿Cómo si fuera a cámara lenta?
-Estaba allí y no estaba. Pestañee y desapareció.
-Siento que me muevo a cámara lenta... me muevo a cámara lenta y lo que me rodea se mueve deprisa y yo solo quiero volver atrás, a cuando todo era normal, cuando no era la pobre Izzie tirada en el suelo con su vestido para el baile y su novio muerto..y sin embargo soy eso...porque estoy así. Siento la presión. Todos se acercan aquí esperando de mi que me mueva, o que explote, reviente, llore, grite o gima. No me importa hacer mi papel. No me importa decir o hacer lo que se supone que debo hacer si así os encontrais mejor todos...pero... no sé cómo se hace, nose ser esa persona, nose quien es esa persona.
-Izzie..
-Esto no ha pasado...¿cómo emos acabado aquí? ¿Porque estoy tan sola? ¿Dónde esta Denny?
-No estás sola Izzie.


Anatomía de Grey (serie)

Diálogo X

- Te mentí, no estoy al margen de esta relación, estoy aquí, y creo que es humillante, porque estoy suplicándote
- Meredith...
- ¡¡Calla! Cuando dices Meredith me pongo a gritar.
- Si...
- Muy bien, voy a decirlo, tu elección es simple, ella o yo, ella es una gran mujer, pero Derek, te quiero, y te quiero de tal modo que finjo que me gusta tu música, dejo que te comas el último trozo de tarta y no me importa que veas los deportes en la televisión, por todo lo que debería odiarte, te quiero. Escógeme, quédate conmigo, quiéreme.



Anatomía de Grey (serie)

Diálogo IX

-Si, casi muero hoy. (Silencio) ¡Derek!, no puedo recordar nuestro último beso. Lo único en lo que pensaba era que iba a morir y no podía recordar la ultima vez que te besé. Es patético, pero quiero recordar la última vez que fuimos felices. No paro de intentar recordarlo y no puedo Derek, no soy capaz.
- Me alegro de que estés viva. Fue un jueves por la mañana. Llevabas esa camiseta de Darthmouth que te sienta tan bien, la que tiene un agujero. Te habías lavado el pelo y olía como a flores. Yo llegaba tarde a operar, dijiste que nos veríamos luego, te acercaste a mi, te apoyaste en mi pecho y... me besaste, un beso, rápido de los normales como si fuéramos a hacerlo a diario el resto de nuestra vida. Seguiste leyendo el periódico y yo me marché. Ese fue el último beso.
- Lavanda. Mi pelo olía a lavanda, por el acondicionador.
- Lavanda.


Anatomía de Grey (serie)

Diálogo VIII

- En mi primer día como interno, tuve a un paciente que sufrió una embolia mientras yo le llevaba a una TC, di el código pero cuando llegaron ya había muerto, si le hubiera puesto el tubo de inmediatamente...
- Cometió un error
- Y seguí allí, trabajé y aprendí, no volví a cometer ese error, si lo hubiera dejado, mi vida se habría reducido a ese error que cometí y ahora logro salvar vidas, todos los días logro salvar vidas...



Anatomía de Grey (serie)

Canción XXV

Intérprete - El Canto del Loco
Canción - Una foto en blanco y negro

Solamente oír tu voz
ver tu foto en blanco y negro
recorrer esa ciudad
yo ya me muero de amor

ver la vida sin reloj
o contarte mis secretos
no saber ya si besarte
o esperar a que salga solo

y vivir así, yo quiero vivir así
ni siquiera sé si sientes tú lo mismo...

Me desperté soñando, que estaba a tu lado
y me quedé pensando, que tienen esas manos
sé que no es el momento, para que pase algo
quiero volverte a ver, quiero volverte a ver
quiero volverte a ver

Y me siento como un niño,
imaginándome contigo,
como si hubiéramos ganado por habernos conocido
esta sensación extraña
que se adueña de mi cara
juega con esta sonrisa
dibujándola a sus anchas

y vivir así, yo quiero vivir así
ni siquiera sé si sientes tú lo mismo...

Me desperté soñando, que estaba a tu lado
y me quedé pensando, que tienen esas manos
sé que no es el momento, para que pase algo
quiero volverte a ver, quiero volverte a ver
quiero volverte a ver

Ni siquiera sé si sientes tú lo mismo...

Me desperté soñando, que estaba a tu lado
y me quedé pensando, que tienen esas manos
sé que no es el momento, para que pase algo
quiero volverte a ver, quiero volverte a ver
quiero volverte a ver!