Hace tiempo, un hombre llamado Noé fue avisado por Dios de un gran diluvio. Le dijo que hiciera un arca muy grande y que se llevara en ella una pareja de cada especie animal, porque se acercaba una gran catástrofe.
Él le hizo caso, y se puso en marcha.
En aquella época, hombres y animales vivían juntos, tenían las mismas capacidades para pensar.
Una vez tuvo el arca construida, fue buscando una pareja de cada animal. Teniendo todos dentro del arca, se llevó también toda su familia consigo.
La gente del pueblo, tanto humanos como animales no le creían, aunque él los avisó.
Así, a la mañana siguiente, ocurrió la catástrofe. Ellos sobrevivieron. Felices, agarraron una paloma y le dijeron que vaya en busca de tierra. Esperaron impacientes y enviaron unos cinco pájaros más.
Al fin, uno volvió, diciendo que había encontrado una tierra solitaria a unos quilómetros.
Llegaron a tierra. Desembarcaron, cada uno se estableció y creó su propio hábitat.
Ya había pasado un año muy duro. Noé y su familia vivían tranquilos.
Su familia iba reproduciéndose, ya que eran muchos. Pero de los animales al haber solo una pareja de cada especie, se iban reproduciendo entre hermanos, tíos...
Al mezclar el mismo ADN, se creaban cambios en las crías, provocando así nuevas especies. Pero ya no pensaban al igual que los humanos.
Noé al ver esto se horrorizó. Había diferentes especies, vivían diferente, tenían sus propios medios de comunicación, eran salvajes.
La familia de Noé fue reproduciéndose al largo de los años, creando más familias, hasta el día de hoy.
